El presidente que no sabía nada
Cuesta creer que una operación para ocultar la corrupción del PP, urdida por un ministro del PP y en la que se manejaron pruebas de la participación de una ex secretaria general del PP no la conociera el presidente del PP.
Su vicepresidenta, que a la vez era responsable del CNI, tampoco se enteraba de nada.
Mucho se habla de la trama policial y judicial, pero de la mediática, que existió y manejaba SSS, no se dice nada.
Por algo será El PSOE vuelve a pedir la imputación de Cospedal y el PP en el arranque del juicio de Kitchen ante “nuevas” pruebas Él no sabía nada, oiga.
M.
Rajoy era sordo, ciego y mudo.
Y lo mismo María Dolores de Cospedal.
Ninguno se sentará en el banquillo de los acusados, donde ya están desde este lunes el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, y su exnúmero dos, Francisco Martínez, quien se conjuró para no comerse el marrón solo porque él no era más que un “pringao”.
Se juzga, ya saben, la operación Kitchen, uno de los capítulos más turbios de esta democracia nuestra que, para la derecha, hoy está en peligro de extinción y entonces era todo un ejemplo. ¿Recuerdan?
Un Gobierno (del PP) que dispuso de las estructuras del Estado para ocultar su corrupción sistémica.
Espiaron, robaron, destruyeron discos duros de los ordenadores , contrataron a un falso cura para asaltar una vivienda , usaron los fondos reservados y pusieron a su servicio a una red de policías corruptos para evitar que su ex tesorero, Luis Bárcenas, no difundiera todo lo que sabía sobre la caja B de su propio partido.
Han pasado 13 años desde entonces y los de Feijóo dicen que todo aquello les es ajeno, que lo que hoy importa es la mugre de Sánchez y que donde la ciudadanía tiene que fijar la mirada es en Ábalos, Koldo y por extensión en todo el Gobierno actual.
Cada cual que apunte dónde le plazca porque ambos juicios arrancan esta semana.
Algo que los jueces llaman casualidad y los descreídos, causalidad.
Vamos, que los tiempos de la justicia son los de la política cuando conviene porque no hay quién entienda que haya pasado más una década desde que aquel Ministerio del Interior dirigido por el beato Fernández Díaz tejiera una fétida red de corrupción polí
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