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Hong Kong, ante el espejo roto de las triadas y su mística de sangre

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Mar Sánchez-Cascado Hong Kong, 6 abr (EFE).- Durante décadas, la palabra “triada” evocó callejones viciados, tatuajes o códigos de silencio, pero en el Hong Kong actual, ese imaginario de película de John Woo convive con una realidad de redes criminales en circuitos de comercio, ocio nocturno, inmobiliario o asociaciones de apariencia legal, mientras extienden tentáculos fuera de la ciudad.

La metamorfosis de estas mafias no ha sido lineal, pero sí implacable.

Han pasado de ser logias místicas de resistencia a corporaciones del crimen con mentalidad de Silicon Valley.

Bajo el barniz de la modernidad y servidores encriptados, subyace un mito fundacional que sigue dictando el código de honor: el martirio del Templo Shaolin.

Durante siglos, esta narrativa ha servido como relato de origen y pegamento místico que transforma a una célula criminal en una hermandad de sangre.

La leyenda sitúa el génesis en una traición imperial en el siglo XVII: tras ayudar al Emperador a repeler una invasión bárbara, 128 monjes guerreros fueron recompensados con el fuego.

Un trono temeroso de su destreza militar ordenó incendiar el monasterio mientras dormían.

De aquel infierno de cenizas, solo cinco lograron huir.

Aquel escape fue un acto fundacional.

Ante un altar improvisado, los supervivientes sellaron el juramento ‘Fan Qing Fu Ming’ (‘Derrocar a los Qing, restaurar a los Ming’), una proclama política que con el tiempo mutó en una identidad espiritual.

De este pacto nació el concepto de la ’tríada’, el triángulo sagrado que simboliza la armonía entre el Cielo, la Tierra y la Humanidad, y que hoy da nombre a la organización en Occidente.

Sin embargo, historiadores citados por el diario hongkonés South China Morning Post rebajan el mito al apuntar que nacieron de la necesidad, no de la magia.

La Tiandihui (Sociedad del Cielo y la Tierra) surgió en el siglo XVIII como una mutua de socorro para los considerados “nadie” de las urbes chinas, aquellos trabajadores itinerantes y pobres originarios de la provincia de Fujian que necesitaban protección frente a un sistema que los ignoraba.

La política y el misticismo fueron el pegamento ideológico que llegó después, transformando una red de supervivencia en una estructura de poder paralela.

La historia

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