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Nate Soares: "Necesitamos detener la carrera por crear inteligencias artificiales cada vez más inteligentes que nadie entiende"

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Uno de los expertos más referenciados en el estudio de la IA y coautor junto a Eliezer Yudkowsky del ensayo ‘Si alguien la crea, todos moriremos’ analiza los riesgos para la humanidad que implicaría la creación de ‘superinteligencias’ sin límites ni controles El miedo a quedarse atrás dispara la IA sin control en las empresas: “Se usa sin comprender” Si alguien la crea, todos moriremos (Destino) no es solo un ensayo sobre la Inteligencia Artificial: es también el libro de cabecera del cada vez más numeroso colectivo que trata de “prevenir la extinción de la humanidad”.

Sus autores Nate Soares y Eliezer Yudkowsky son veteranos de la masa crítica que desde hace lustros monitoriza la evolución de la Inteligencia Artificial y su crecimiento exponencial: de simple juguete de los techbros a cómplice imprescindible de operaciones militares de varios de los ejércitos más poderosos del mundo y socio secreto de toda clase de operaciones clasificadas de las que —probablemente— resulta mejor no saber absolutamente nada.

Con la Inteligencia Artificial se produce una de esas paradojas que resultan casi dolorosas: es imposible dar con un tema tan transitado y sin embargo tan desconocido.

Se habla de ello sin cesar, unos para dar rienda suelta a su vena ‘artística’ en forma de meme o video con el político/fenómeno/conflicto de turno; otros para advertirnos de sus perversas intenciones, de su amenaza latente como sustituto permanente de nuestros trabajos, nuestras aficiones y hasta nuestras vidas.

Pero más allá de chatbots serviles, aprendices de psicólogo o cómplices irreemplazables de una soledad que tiene hechuras de plaga, la IA ha dividido el mundo en dos grandes tribus: los que la consideran una simple herramienta capaz de meter la pata igual que cualquier hijo de vecino y los que han vislumbrado en ella un apocalipsis inevitable y tremendamente verosímil.

Es razonable argumentar que cuanto más se sabe de la dichosa IA, más sencillo es afiliarse a los profetas del Armagedón digital.

En ese ejército sirven ya miles de científicos, filósofos y políticos y su objetivo resulta diáfano: pararlo todo; pararlo todo ahora mismo.

Seguramente, al lector cinéfilo le asaltarán recuerdos que empiezan en HAL-9000 y acaban en Skynet, pero como explican los auto

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