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Grandes multas y represión policial: la coacción a la comunidad evangélica de Medina del Campo en el franquismo

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Una investigación revela la opresión que sufrió una pequeña comunidad religiosa, que fue apresada y estrangulada económicamente para que abandonaran la fe evangélica hasta los años 60 Valladolid, la ciudad que quiso olvidar que ejecutó a 27 herejes protestantes Sobre el papel, durante en franquismo se pudieron celebrar cultos religiosos no católicos desde 1945 (con el Fuero de los Españoles), aunque se necesitaba el permiso del gobernador civil.

Eso sí, el régimen solo autorizaba actos privados, en ocasiones fuertemente vigilados.

La libertad religiosa fue abriéndose a partir del Concilio Vaticano II, cuando se empezaron a permitir actos públicos, también bajo autorización.

Sin embargo, al situación en Medina del Campo (Valladolid) fue diferente.

La pequeña comunidad evangélica que había tuvo que hacer frente a presiones policiales, eclesiásticas, a múltiples peticiones no respondidas y a fuertes sanciones económicas por reunirse para rezar.

En algunos casos fue necesario el apoyo de iglesias de otras partes de España y vender el piso del pastor y su mujer de Valladolid capital para hacer frente a las multas y evitar así la cárcel. “Las fuerzas del orden incluso entraron en la vivienda del pastor, Félix Pradales y su mujer, María Abrodos, para perseguir el culto con el pretexto de que no tenían una capilla para los actos religiosos, puesto que no durante muchos años no tuvieron recursos económicos para construir una capilla.

Y por más que pedían permiso, y por más que intentaban habilitar locales, siempre internos, siempre estaban perseguidos, vigilados, y siempre entraba la policía de manera sorpresiva para llevarse detenidos al pastor protestante y a los demás”, explica el historiador Enrique Berzal, que ha publicado recientemente un artículo de investigación sobre este tema en la revista científica Pasado y Memoria .

David Prieto es el actual pastor de Medina del Campo y uno de los descendientes de la comunidad.

El primer lugar de culto en Medina donde un grupo fue llevado a la cárcel era una vivienda que les alquiló su abuela. “Lo difícil fue al principio, en la década de los 40 y 50, porque los pastores que empezaron la obra eran atosigados por la Policía.

Había un acoso

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