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Michel Nieva: “Los viajes a Marte son ficción especulativa para alimentar a los mercados”

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David Álvarez Ciudad de México, 4 abr (EFE).- Desde que Julio Verne y H.G.

Wells escribieron sobre los viajes a la Luna, la fascinación por explorar el espacio abandonó el papel para aterrizar en la misión Artemis II o promesas de magnates, como Elon Musk, de llegar a Marte, una especulación instalada en Silicon Valley que produce “más expectativas que realidades”, según el escritor argentino Michel Nieva. “Estas narrativas solo funcionan en los mercados financieros.

Se promete viajar a Marte, suben las acciones, y aunque luego no suceda, el efecto ya se produjo.

Es una ficción especulativa que alimenta al mercado financiero más que un desarrollo tecnológico real”, explica en entrevista con EFE con motivo de su visita a México.

Aunque medio mundo se haya detenido por un instante a mirar el cielo— o, más bien, las pantallas de sus televisores y teléfonos — para ver cómo el hombre intenta sobrevolar el satélite más de 50 años después del último viaje del Apollo 17, Nieva cuestiona el impacto que estos avances tienen en regiones desiguales o económicamente dependientes como Latinoamérica.

Nieva señala que operaciones como las de SpaceX, la empresa aeroespacial de Musk, que “venden humo” con sus viajes a Marte para aumentar el valor de sus acciones y “seducir a los mercados” sin que finalmente se concreten, se alimentan del atractivo de la tecnología de punta y su ficción alrededor, pero no aportan directamente a los ciudadanos.

El autor de novelas como ‘La infancia del mundo’ (2023) utiliza en su literatura la ciencia ficción para dialogar sobre otras geografías en las que la tecnología “no trae un mundo mejor”, sino “una precarización de la vida” impulsada por gobiernos como el del presidente argentino, Javier Milei, que defiende prácticas como la fractura hidráulica o la extracción de minerales como el litio.

Las historias de Nieva imaginan a la Patagonia argentina reducida a unos meros islotes en 200 años, sumergida por el derretimiento de los casquetes polares, y a regiones como la Pampa transformada en un nuevo Caribe, con un canal que atraviesa el continente similar al de Panamá: una “realidad exagerada, pero que

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