Un rayo de luz en el mundo de los altos funcionarios a la sombra del poder político (y del privado)
El periodista Rafael Méndez analiza en un libro el papel de los juristas de los mayores rangos de la administración que conocen las leyes, saben cómo interpretarlas y adaptan sus lecturas, lo que los hace profundamente atractivos para las empresas Las otras puertas de Kitchen que García Castellón cerró: el falso cura, el espionaje en la cárcel y el rastro del CNI Se llaman José Luis del Valle, Enrique Arnaldo, Elisa de la Nuez, José Ramón García Notario o Joaquín José Abajo Quintana.
Muchos de sus nombres son conocidos, otros no tanto, pero a todos les une una cosa: son abogados del Estado, letrados en Cortes o altos funcionarios, todos en el mayor rango de la administración, y tienen o han tenido a la vez un pie en la actividad pública y otro, en la privada.
Conocen las leyes, saben cómo interpretarlas y adaptan sus lecturas en función de los intereses del momento o de sus clientes, lo que los hace profundamente atractivos para las grandes empresas que los contratan.
Y para ello se aprovechan de un suave régimen de incompatibilidades que les permite combinar ambas facetas, la pública y la privada, con pocos límites.
Sobre ellos trata el último libro del periodista y colaborador de elDiario.es Rafael Méndez (Murcia, 1975) Los dueños del Estado (Península, 2026). “Tienen lo mejor de los dos mundos.
Conocen a los políticos porque han trabajado con ellos, han sido el engranaje entre la política y la administración, y luego tienen el conocimiento teórico y la capacidad de trabajo y probablemente, en muchos casos, los antecedentes y los conocimientos familiares, en el caso de las buenas familias de Madrid, que les permite acceder a la privada.
Es una red fantástica”, explica el autor en conversación con este medio. “Ellos son el necesario contrapoder al Gobierno, los que dicen qué ley se puede aplicar y cómo.
Pero a la vez han creado un Estado dentro del Estado.
Una estructura endogámica y resistente al cambio”, señala en el libro. “Los abogados del Estado son los que desde el corazón mismo de la maquinaria del Estado informan sobre las leyes y los reglamentos, los que conocen quién sabe qué y a quién llamar, qué tecla hay que tocar para afinar un proyecto o para hacerlo descarrilar, cuáles son lo
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