Las personas racializadas vivimos bajo sospecha en España: lo de Serigne Mbaye no es casualidad, es violencia
Ser señalado por lo que representas antes que por lo que haces deja huella.
Lo sentimos todos los días.
Que te pidan la documentación más veces que al resto, que tu presencia incomode, que tu cuerpo o tu voz se conviertan en sospecha no es casualidad: es violencia El exdiputado Serigne Mbaye, tras su detención: “Es la tercera vez en tres meses que la policía me para por la calle: eso es racismo” Mi piel, color canela, y mi pelo rizado dicen antes de mí lo que otros creen ver.
Me delatan incluso cuando no he dicho nada.
Escribo desde la experiencia compartida de quienes vivimos bajo mirada ajena.
Sé lo que es notar cómo cambia el ambiente al entrar en ciertos espacios.
Medir palabras, gestos, presencia.
Para muchos, esa presión se intensifica aún más frente a quienes tienen poder para detener, cuestionar o criminalizar sin motivo.
Ser señalado por lo que representas antes que por lo que haces deja huella.
Lo vemos en nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros compañeros.
Lo sentimos todos los días.
Que te pidan la documentación más veces que al resto, que tu presencia incomode, que tu cuerpo o tu voz se conviertan en sospecha… eso no es casualidad: es violencia cotidiana.
Los eternos inmigrantes.
A vosotros os convierten en amenaza: delincuentes, ladrones, violadores antes de conoceros, simplemente por existir.
A nosotras, muchas veces, en estereotipo: las eternas tontas, sumisas, sin criterio, exóticas, la excepción… Dos formas distintas de la misma mirada que decide quién pertenece y quién no.
Pero frente a esta injusticia, también surge solidaridad.
Mujeres racializadas reconocemos el impacto de la discriminación que sufrís y nos solidarizamos con vosotros: acompañamos, apoyamos y denunciamos lo que es injusto.
Lo hacemos no como caridad, sino porque entendemos que la violencia estructural afecta a todos los cuerpos racializados, aunque de manera diferente.
Esa solidaridad se manifiesta en gestos cotidianos: señalar lo que no es justo, ofrecer cuidado y apoyo cuando el sistema margina, visibilizar las experiencias que a menudo se silencian.
Nos reconocemos mutuamente en la vulnerabilidad y en la resistencia, porque sabemos que la dignidad de unos está ligada a la dignidad de todos.
Ninguna sociedad puede llamarse justa si permite que parte de su poblaci&oacu
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