El Miserere retumba en Zamora, al paso lento del Yacente en la plaza de Viriato
amora, 2 abr (EFE).- El Salmo 51 hecho canto, en latín y a capela, en el Miserere compuesto por el padre José María Alcácer ha retumbado la madrugada de este viernes en la plaza de Viriato de Zamora, al paso lento de la talla de Jesús Yacente llevada a hombros.
El que es uno de los momentos culmen de la Semana Santa de Zamora, que está declarada de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural, se ha revivido poco antes de las dos de la madrugada, en la parte final del desfile procesional de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente.
Cerca de 150 hermanos de la cofradía y de su coro han entonado el “Miserere mei, Deius, secúndum magnam misericórdiam tuam…” en el escenario habitual, después de que el año pasado el canto se trasladase a la plaza de la Catedral con motivo del jubileo de la Esperanza.
A la vez que las voces graves han entonado el canto de súplica a Dios, el Yacente ha recorrido la plaza ante la atenta mirada de las cientos de personas que desde horas antes se han dado cita en la plaza de Viriato para asistir a ese momento ’mágico’ de la celebración zamorana de la Pasión.
Previamente, más de 1.300 hermanos de la cofradía del Yacente han recorrido las calles del casco histórico de la ciudad, partiendo este año de un edificio conventual, el del Tránsito, como hicieron hace tres años.
Aunque la iglesia románica titular de la hermandad es la de Santa María la Nueva, ese templo no ha podido en los últimos años acoger el inicio y el final de la procesión por las obras que se acometen en el solar contiguo en el que se acondiciona el nuevo Museo de Semana Santa de Zamora.
Por ello, ha sido desde un histórico convento de Clarisas desde donde ha partido un desfile que cada año varía de recorrido y que en esta ocasión ha elegido un trayecto que ha embellecido aún más la procesión, al bajar por el arco de Doña Urraca para dejar atrás la muralla medieval de la ciudad y recorrer cuestas como la de San Bartolomé o la costanilla de San Antolín.
Especialmente duras han sido esas calles para los tres penitentes que arrastran unas cruces de madera de 33 kilos cada una.
La primera de ellas, la de penitencia, es portada cada año por un cofrade y para lleva
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