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De Sastres y 'Madriles', la capital se viste y viste con nombre propio

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Ver cómo el actor Taron Egerton pasa de un estereotípico chav chandalero a estar maqueado, como un pincel, vamos, al ponerse su primer traje a medida en la película Kingsman: el servicio secreto, da morbo.

No por nada el argumento de la cinta gira alrededor de una agencia de inteligencia británica que tiene como tapadera una sastrería tradicional.

De las de presumidos acaudalados de toda la vida , figurines de tweed con monóculo y algún contacto de la realeza inglesa en la agenda.

Pensar en un sastre es pensar en un señor con la coronilla como un panecillo, un bigote de Hércules Poirot y ligas de camisa.

Por lo general, también es pensar en un tipo inglés, quizás italiano , proveniente de una extensa liga de clavaagujas con solera, alfayates de renombre que han visto en gayumbos a las mejores carteras nacionales.

Esa caricatura, sin embargo, está no solo demodé, sino mal señalada geográficamente.

No es un acento de millonetis londinense, ni de capo napolitano el que encarna la sastrería internacional.

Hoy, esa denominación de origen es madrileña.

Madrid lleva años vistiéndose y vistiendo, con mimo de modista y finura, a mucho más que a los toreros con sus armaduras de luces.

La sastrería de la capital no sólo está a la vanguardia del traje por la cantidad de maestros presentes —más que en ninguna otra ciudad de nuestro país, y bastante más que la mayoría de las capitales europeas—, sino por haber ideado un estilo.

La efervescencia textil que vivió Madrid entre 1940 y 1970: Una historia de la moda Abraham Rivera La exposición, comisariada por Esperanza García Claver, puede visitarse en la antigua fábrica de cervezas El Águila hasta el 22 de mayo de forma gratuita Así es, hasta para coser solapas hay que tener arte y el sastre madrileño es un artista con voz propia.

Ya lo escribió Charles Bukowski: “ El estilo es la respuesta a todo.

Una manera desenvuelta de afrontar algo aburrido o peligroso.

Hacer algo aburrido con estilo es mejor que hacer algo peligroso sin estilo.

Hacer algo peligroso con estilo es lo que yo llamo arte”.

Charles, quien seguro se descolgaría por la trastienda de algún hombrecillo italoamericano en Los Ángeles para apa&ntild

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