Una procesión abulense a ritmo de pique con los versos que Lope de Vega dedicó a la pasión
Por Antonio García Navaluenga (Ávila), 02 abr (EFE).- La localidad abulense de Navaluenga ha vivido este Jueves Santo la conocida como procesión de los Romances, una de las más singulares de la Semana Santa abulense, ya que se desarrolla a ritmo del pique entre dos cuadrillas, a partir de los versos que Lope de Vega dedicó en el siglo XVII a la pasión de Jesucristo.
Se trata de los 300 versos que fueron publicados en 1614 en las ‘Rimas Sacras’ y que en la tarde de este Jueves Santo han resonado bajo la cadencia de los dos grupos de romanceros que, como reza la tradición, se han retado para comprobar cuál recitaba mejor, más alto y más claro los versos el poeta y dramaturgo madrileño.
Declarada de interés turístico regional, la procesión de los Romances constituye el momento culminante de la Semana Santa de este municipio abulense de 2.135 habitantes, situado a 45 kilómetros al sureste de la provincia de Ávila, muy cerca de la vecina Comunidad de Madrid, y que estos días incrementa significativamente su población.
Esta arraigada costumbre, que inicialmente estaba reservada a los hombres, se abrió hace unos años a las mujeres para participar en algo parecido a una competición en la que los dos grupos, de unas 50 personas entre ambos, van encapsulados en la propia procesión, al final de la cual se produce el esperado duelo.
Y todo ello ha sucedido desde la iglesia de Nuestra Señora de los Villares, a partir de una numerosa comitiva integrada por cientos de personas que han acompañado a las imágenes del Cristo Amarrado a la Columna, de La Caída, del Cristo de la Vera Cruz y, finalmente, la Virgen Dolorosa.
Precisamente, por delante de este último paso se han situado las dos cuadrillas de romanceros que, desde el pasado febrero se han preparado para acompasarse en el tono y el ritmo de unos versos recitados de una manera muy singular que resulta difícil de borrar de la mente en las horas siguientes.
Y ello, a partir de un pegadizo y extraño soniquete para quienes lo escuchan por primera vez, aunque finalmente termina por convertirse en algo familiar.
No existe constancia sobre el origen de esta tradición, que hace unos años estuvo a punto de desaparecer, aunque todo apunta a que pudo surgir en torno al siglo XVII como manifestación de fe durante la Contrarreforma, para después convertirse en
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