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Una batalla tras otra... contra la turistificación de Málaga: habla el pregonero de la Semana Santa

· Español· El Confidencial

enía una fisura en la costilla.

Llenaba de aire la caja torácica y le dolía.

Iba a dar un pregón de casi dos horas.

Por la mañana fue al escenario del Teatro Cervantes para probar la luz, la escenografía… y su voz, con tres lecturas: una normal, otra de exigencia media y otra alta, de esas que reclaman aplausos.

Le salió bien.

Pero quedaba lo definitivo para Ignacio Castillo: empezar el pregón de la Semana Santa de Málaga y que olvidara la fisura.

Castillo tiene 49 años, es periodista de La Opinión de Málaga y fue hermano mayor de la Cofradía de Jesús Cautivo, el Cristo de más devoción popular de la ciudad.

Su pregón —ya lo había avisado— fue reivindicativo.

No solo habló de lo religioso, lo cofrade, lo mariano… Desplegó una visión crítica de Málaga y en especial contra la turistificación. “Málaga está turistificada”, destaca.

Los otros rostros de la Semana Santa: una mujer, un ‘guiri’, el jubilado y el novato Agustín Rivera.

Málaga Una mujer de trono ingeniera de 31 años, un médico de la Armada alemana, un teniente coronel que trabaja en París y un joven de 16 años que se estrenó este Jueves Santo Es martes, bien temprano en la mañana, y en la cafetería La Pastora, en el barrio de Capuchinos, muy cerca de donde vive, el pregonero pide un café con leche (que en Málaga se llama mitad).

Hace poco que se ha levantado y conversa con El Confidencial sobre lo que quería transmitir con sus sensaciones de la Semana Santa.

Lenguaje accesible “Era un reto.

Es difícil ser original cuando se han dado ya tantos pregones; cada uno tiene que ser capaz de contar su propia experiencia que acumula a lo largo de una vida, ya sea positiva o negativa.

Quería dar un pregón pegado al terreno, actual, con un lenguaje accesible, pero que al mismo tiempo no fuera burdo porque el género literario del pregón lo pide”, narra. [Los párrafos que van en cursiva corresponden a fragmentos del pregón].

En el camino de convertirnos en una ciudad de cartón piedra.

De desconocidos.

De gente de paso.

Impersonal…

En la que los vecinos de siempre tienen que irse y no llegan nuevos que puedan asumir

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