Un fósil retrasa 20 millones de años la historia de las arañas del pasado
Redacción Ciencia, 1 abr (EFE).- El análisis del fósil de un insecto marino de hace 500 millones de años, encontrado el siglo pasado en el desierto occidental de Utah (Estados Unidos), ha retrasado 20 millones de años la historia evolutiva de los quericerados, el grupo de artrópodos al que pertenecen las arañas o los escorpiones.
Hasta este descubrimiento, descrito este miércoles en la revista Nature, el quericerado fósil más antiguo que se había encontrando (en Marruecos) databa de hace 480 millones de años.
El nuevo hallazgo retrasa el surgimiento de los quericerados hasta el periodo Cámbrico, y no al Ordovícico como se pensaba hasta ahora.
El Cámbrico fue el primer sistema del Paleozoico en la escala temporal geológica.
Duró 52 millones de años, desde hace unos 539 millones de años a hace, aproximadamente, 487 millones de años.
El fósil fue descubierto por un coleccionista aficionado (Lloyd Gunther) y donado al Museo de Historia Natural de la Universidad estadounidense de Kansas en 1981.
El investigador de la Universidad de Harvard, Rudy Lerosey-Aubril, decidió investigarlo hace unos años como parte de un trabajo sobre los primeros artrópodos.
Junto a su compañero Javier Ortega-Hernández, también en el departamento de paleontología de invertebrados de la Universidad de Harvard, pensaron, al principio, que el espécimen presentaba todas las características propias de su época; sin embargo, algo no cuadraba: en lugar de una antena, parecía contar con una garra. “Las garras nunca se encuentran en ese lugar del cuerpo en un artrópodo del Cámbrico.
Me llevó unos minutos darme cuenta de lo obvio: acababa de descubrir el quelicerado más antiguo jamás encontrado”, señala Lerosey-Aubri en un comunicado de la universidad.
El especimen ha sido apodado ‘Megachelicerax cousteaui’ en honor al explorador francés Jacques Cousteau por su labor de concienciación sobre el mundo marino.
Lerosey-Aubril dedicó más de 50 horas a limpiar cuidadosamente el fósil bajo el microscopio utilizando una aguja fina para revelar su sorprendente anatomía: con algo más de 8 centímetros de largo, el ‘Megachelicerax cousteaui’ con
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