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Reorganizar los horarios de entrenamiento en primavera: las ventajas de hacer ejercicio con luz

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Con la llegada de los días más largos y temperaturas más agradables, reorganizar nuestro programa de entrenamiento puede ayudar a conseguir mejores resultados Por qué la exposición a luz natural por la mañana ayuda con el cambio de hora, según una psicóloga: “Aunque esté nublado, es beneficiosa” Los amantes del deporte al aire libre esperan la primavera con la ilusión que los niños tienen por llegada de las vacaciones de verano.

El sol gana a los anocheceres tempranos, hay más horas de luz en el día, mejor temperatura, pero todavía no mucho calor.

Todo invita a ponerse las zapatillas y salir a mover el cuerpo, un cambio que la ciencia respalda y nuestra salud agradece.

La luz y la temperatura cambian la respuesta del cuerpo Las ganas de ejercitarse en primavera no son solo una cuestión psicológica.

Cuando hay más luz y el termómetro sube, nos volvemos más activos y nos movemos más.

Un estudio que analizó la actividad física de más de mil personas a lo largo de un año descubrió que los meses más cálidos, de abril a octubre, registraban un nivel de actividad física media aproximadamente un 10% más alto que en invierno.

Nada espectacular, pero significativo.

En concreto, por cada grado que subía el termómetro, la actividad aumentaba varios puntos.

Nuestro organismo experimenta, en efecto, cambios fisiológicos con la llegada de la luz y el aumento de las temperaturas.

Las investigaciones realizadas con esquiadores de fondo mostraron que la capacidad aeróbica máxima, medida como consumo máximo de oxígeno o VO2 max , aumentaba casi el doble en primavera comparando con las mejoras conseguidas en el invierno.

A medida que la primavera avanza y los días se hacen más largos, nuestra temperatura central alcanza su punto máximo en las horas centrales de la tarde, y esto tiene una gran influencia en cómo funcionan nuestros músculos.

A mayor temperatura, hay menor viscosidad sanguínea, mejor circulación y mayor elasticidad.

Todo esto hace que haya una menor percepción del esfuerzo, es decir, que cuando el cuerpo está ‘caliente’, sentimos que nos cansamos menos, aunque gastemos la misma energía total.

La exposición a la luz natural durante las horas centrales del día también regula l

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