El patrimonio que cuidan apasionados de los trenes, a la espera de un refugio temporal
Eva García González Santander, 29 mar (EFE).- El Museo del Ferrocarril de Cantabria atesora una colección de objetos, maquetas, libros y señales que cuida y gestiona una asociación de apasionados de los trenes, que ahora están a la espera de un refugio temporal hasta que este museo se ubique en el vestíbulo de la nueva estación de Santander.
Casi escondido entre las vías que llegan a la capital cántabra, en los antiguos talleres de Renfe, un cartel indica ‘Museo del Ferrocarril’.
Al entrar, como si de una antigua estación de tren se tratara, la Asociación de Amigos del Ferrocarril invita a los visitantes a colaborar con un donativo que se canjea por un billete simbólico, aunque la entrada es gratuita.
Allí, Fidel, de la asociación, explica a EFE que el mantenimiento del lugar corre a cargo de ellos mismos, que reciben una ayuda como la de cualquier asociación.
Sin embargo, lo que ahora preocupa a esos amigos es que cuando deban prescindir del espacio que alberga a este patrimonio histórico, lo que hay se conserve “en las mejores condiciones”.
El museo seguirá en Santander pero pasará a estar integrado en el vestíbulo de la nueva estación, que se construirá como parte del proyecto de integración de las vías del tren en la capital cántabra, una actuación que está previsto que comience este año y que se estima que dure cinco más.
Durante el periodo de trabajo, parte de la colección se guardará en los talleres de Renfe, en Cajo, y la otra está aún por definirse, aunque la asociación, junto a la Comisión de Seguimiento -Gobierno cántabro, Ayuntamiento de Santander, Adif y Renfe- están buscando la “mejor” solución.
Lo más importante para los que cuidan y mantienen el museo es que se guarde todo en condiciones “óptimas” para que, pasados los cinco años de obra, se pueda trasladar la muestra a su futuro hogar permanente.
Además de maquetas, antiguos uniformes, señales y elementos de paradas de tren que ya no existen, el museo conserva cientos de documentos, papeles y libros, vagones reales de trenes inutilizados y hasta una antigua máquina quitanieves, todo conservado tal y como si se hubiese detenido el tiempo, gracias a la labor de quienes lo guardan y
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