¿Por qué defender el derecho al aborto es radicalmente 'provida'?
En ‘Provida.
Un manifiesto a favor del aborto’ (Now Books), que sale a la venta el 31 de marzo, Ana Requena reivindica el término ‘provida’ para el feminismo y radiografía la situación actual del derecho en España y la ofensiva ultra: “Quienes se reivindican provida son los mismos que demonizan el gasto, renuncian a intervenir la vivienda, y rechazan aprobar prestaciones para la infancia.
Son los mismos que quieren monopolizar el concepto de familia” Las trabas para abortar en la sanidad pública en la Comunidad de Madrid: “Esto vale 500 euros y tú no vas a pagar nada” Nadie suele ocultar una operación de rodilla.
O la eliminación de un quiste.
No solemos guardar bajo llave la endoscopia o la laparoscopia que nos hicieron un día, la extirpación de una mancha sospechosa o de una muela.
Nadie tiende a disimular cuando acude al traumatólogo, al endocrino, al neurólogo.
No mentimos sobre esas citas médicas, no escondemos los motivos de esas bajas laborales.
No nos ocupamos con ahínco de que nuestras familias o amistades nunca sepan que fuimos a la consulta de un hematólogo o que necesitamos un tratamiento antibiótico durante dos semanas para controlar una infección que se fue de las manos.
No sentimos temor de que descubran algo así en nuestro trabajo ni lo escondemos a nuestras parejas sentimentales, como si esa revelación fuera a cambiar la manera en la que nos ven y consideran.
No tememos que su idea de la mujer que somos pueda cambiar si compartimos con la gente alguna de esas citas médicas, tratamientos, intervenciones.
Con el aborto es diferente.
Con el aborto echamos las cortinas para que nadie nos vea.
Se hace y se calla.
Lo haces y lo guardas: queda ahí, en un rincón, a veces excluido para tu propia conciencia, como si hubiera que apartarlo de quién eres y de cuál es tu historia.
Incluso para quienes lo vivieron como un acto de emancipación y autonomía —que son muchas, muchísimas—, el aborto no se pronuncia en voz alta, no se relata a los demás, puede que tampoco a una misma.
Podríamos pensar, entonces, que hablamos de un acto clandestino, de un hecho terrible, reprobable.
Y, sin embargo, es un derecho: en algunos lugares, un derecho conseguido; en otros, un derecho por el que se pelea activamente.
Sea como sea, es siempre un derecho en disputa, una práctica
原文链接: El Diario
