"Todo lo que veía eran escombros": padres de las víctimas del ataque a una escuela en Irán relatan el peor día de sus vidas
Horas antes de que el mundo supiera que un misil estadounidense había impactado en la escuela Shajareh Tayyebeh, los padres ya buscaban a sus hijos e hijas entre las ruinas.
Un mes después del ataque, tres familias cuentan cómo lo vivieron Reconstrucción del bombardeo de una escuela en Irán, la peor masacre en la ofensiva de EEUU e Israel La familia de Zahra Cuando Marzieh oyó la primera explosión, un estruendo atronador que sacudió la habitación, su primer pensamiento fue para su hijo menor, Mohammad.
Debe de haber salido al balcón y haber descubierto un nuevo juego, pensó: usar todas sus pequeñas fuerzas para cerrar de un golpe las puertas correderas.
Marzieh se levantó de donde estaba trabajando en su máquina de coser y le gritó que parara. “Mamá, no he sido yo”, le respondió él.
Entonces se oyó el segundo estruendo, cuya fuerza hizo temblar toda la casa. ¿Serían los vecinos?, se preguntó; ¿obras, reformas?
Pero supo que no podía ser: todos sus vecinos de al lado se habían ido a trabajar esa mañana, y solo ella y Mohammad estaban en casa.
Apenas unos minutos antes, a las 11.17 de la mañana, Marzieh había recibido una llamada inesperada de la señora Mohammadian, la profesora de su hija Zahra, de ocho años.
La escuela primaria, a unas pocas manzanas de distancia, cerraba antes de lo habitual, le dijo; ¿podría la familia ir a recoger a Zahra?
Pero la señora Mohammadian no había dicho por qué, y había concluido rápidamente el mensaje para llamar al siguiente padre de su lista.
Marzieh llamó a su marido al trabajo, quien envió a su hermano a recoger a las niñas; Zahra y su prima estaban en la misma clase.
Al abrir la puerta, le golpeó el olor acre del humo.
La gente corría de un lado a otro por la calle.
Detuvo a alguien para preguntarle qué estaba pasando. “Ha empezado la guerra”, le dijeron.
La familia de Sobhan y Hanieh Aquella mañana había amanecido clara, apacible, casi sin una nube, y Mohammadreza Ahmadi había decidido llevar a los niños al colegio.
Su trabajo a veces le alejaba de Minab durante semanas, así que, cuando estaba en casa, le gustaba aprovechar al máximo el tiempo con los niños: Sobhan, de 10
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