Esa persona naranja de la que usted me está hablando
‘El boletín del director’ es una carta semanal de Ignacio Escolar exclusiva para socios y socias de elDiario.es.
Si tú también lo quieres leer y recibir cada sábado en tu buzón, hazte socio o socia Casi un mes después de empezar los bombardeos, Alberto Núñez Feijóo ha descubierto al fin que está en contra de la guerra.
Ha tardado en llegar a este punto.
Pero aún le queda una tarea importante: decirnos lo que piensa de ese líder internacional que ha provocado esta catástrofe.
O al menos decir su nombre.
Hay una larga tradición cultural para este tipo de tabú.
La referencia más popular probablemente está en los libros de Harry Potter.
Se trata de Voldemort: ese mago tan poderoso y temido que casi nadie se atreve a nombrarlo.
Apenas se le menciona, salvo que sea imprescindible.
Y cuando no queda otro remedio, se refieren a él con un circunloquio: “El que no debe ser nombrado”.
La idea no es original.
Ni falta que hace: la excepcional saga de J.
K.
Rowling es una de las mejores vías para iniciar a los niños en el maravilloso hábito de la lectura.
Ese tabú de no nombrar a alguien temido y poderoso viene de la mitología.
De los griegos, que llamaban “euménides” (benévolas) a las Erinias: las diosas de la venganza, que castigaban en el Tártaro a los criminales.
Decir su verdadero nombre en voz alta era algo que la mayoría de los griegos evitaba, por el miedo a invocarlas y provocar una represalia.
Ese miedo está también en el judaísmo.
En el tetragrámaton de cuatro letras hebreas con el que se nombra a Dios, una palabra tan sagrada que la tradición prohíbe pronunciarla en voz alta.
Y si se escribe, tampoco se debe destruir después el texto.
Por eso se le llama “Adonai” (señor) o “HaShem”, que se traduce literalmente como “el nombre”.
El eufemismo no oculta nada: todos saben perfectamente de quién se habla.
En las novelas de Harry Potter, no era solo miedo o superstición.
Había también una razón técnica, o más bien mágica: era tanto el poder de Voldemort que podía rastrear la ubicación de cualquiera que lo nombrara.
No es muy distinto a lo que ocurre con la dictadura china y los sistemas de vigilancia masiv
原文链接: El Diario
