Cómo Madrid pasó de la sequía crónica a ser ejemplo en la gestión del agua: el Canal de Isabel II cumple 175 años

Abrir el grifo y que salga agua.
Y qué agua.
Un gesto tan cotidiano y que pasa totalmente desapercibido esconde tras él décadas de ingeniería hidráulica , kilómetros de canalizaciones, depuradoras y potabilizadoras mediante, que se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo. “Sin el agua, Madrid no podría haberse convertido en la capital económica que es hoy en día”, declara Mariano González, consejero delegado del Canal de Isabel II, que recalca el carácter público de esta empresa, la mayor de Europa que integra todo el ciclo de agua, y que este 2026 celebra su 175 aniversario.
El CEO de la compañía se retrotrae al siglo XIX para explicar su génesis: " La situación en Madrid era muy crítica .
Reinaba Isabel II y la ciudad se acercaba a los 200.000 habitantes con una gran falta de suministro de agua".
La bombilla se le encendió en 1851 a Bravo Murillo , ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas y encargado de un equipo de ingenieros que nunca llegarían a conocer la magnificencia de su obra. “ En aquel momento no llegábamos a proporcionar unos siete litros por habitante al día y ahora estamos en unos 130 ”, apunta González, licenciado en Derecho y funcionario de carrera.
El consejero delegado ha desempeñado puestos de responsabilidad en materia ambiental en todos los niveles de la Administración Pública, así que conoce bien la labor interna del Canal de Isabel II y su historia.
Es esta historia la que pasa por la construcción de un primer canal que llevará a la ciudad el agua del río Lozoya transportada por efecto de la gravedad a lo largo de 77 kilómetros de túneles y acueductos, junto a una presa, hoy inoperativa, y un depósito de 44.000 metros cúbicos en la calle actual de Bravo Murillo en la capital.
Embalses como 1.800 bernabéus y organización milimétrica: cómo Madrid evitó el colapso en el récord de lluvias Marta Nevot El 8 de marzo se registró el máximo de aportación de agua de los ríos.
En los embalses del Lozoya llegaron a entrar 715 metros cúbicos por segundo, una cantidad para llenar una piscina olímpica cada cuatro segundos Aquel proyecto fue “faraónico” para l
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