Por qué molestarse en hablar de la guerra de Irán cuando puedes meterte un chute de ETA

El pleno sobre la guerra de Irán solo sirve para que Sánchez y Feijóo demuestren lo mucho que se desprecian.
Sánchez pone al PP frente al espejo de lo que hizo Aznar en 2003 y Feijóo acaba con la píldora acostumbrada sobre ETA Sánchez alerta de que los efectos de Irán serán “mucho peores” que los de Irak El ardor guerrero de Feijóo no ha tardado mucho en evaporarse.
El 1 de marzo, con el inicio del asalto norteamericano e israelí a Irán, el líder del PP celebró la eliminación del líder supremo Jamenei con un comunicado: “El mundo es mejor cuando cae un tirano”.
Quizá pensaba que la guerra iba a finalizar en cualquier momento, por lo que su prioridad era cerrar filas con Donald Trump y EEUU.
España debía estar “sin matices junto a las democracias liberales”.
Cerró el texto con un eslogan que el PP iba a repetir previsiblemente durante el conflicto: “Con la libertad o con los tiranos”.
La libertad –por si hay que ponerlo en contexto– tenía que identificarse con el empeño de Trump por acabar con el régimen iraní.
En pocas semanas, la catástrofe que se cierne sobre Europa y en realidad casi todo el planeta ha hecho que Feijóo guarde el fusil en el armario.
Hace una semana, dijo que “la mayoría de los españoles no queremos la guerra”.
Ya había visto las encuestas.
El martes, desplegó la pancarta en Antena 3 con las mismas palabras que Pedro Sánchez: “¿No a la guerra?
Por supuesto. ¿Sí a la paz?
Por supuesto”.
En la comparecencia de Sánchez en el Congreso el miércoles, y después de alguna tormenta de ideas en Génova con escasas precipitaciones, redondeó el eslogan para no dejar nada fuera: “Le resumo nuestra posición.
No a la guerra y no a usted”.
Ambas ideas al mismo nivel.
Ya se sabe que Sánchez es peor que un misil nuclear.
El PP aguardaba con ganas la comparecencia de Sánchez por la guerra.
Por lo que se vio, Sánchez también.
El presidente hizo lo que más molesta al Partido Popular, que le recuerden el apoyo ciego de José María Aznar a la invasión de Irak en 2003, que puso las bases de su derrota en las urnas un año después. “Quería sentirse importante”, di
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