Resaca fallera: la investigación que explica por qué las Fallas consolidan a los barrios más poderosos
El final de las Fallas de Valencia, además de estar acompañado del clásico haiku por el cual “tras la cremà, el nuevo año” , ha llegado esta vez de la mano de una resaca algo más dura. La constatación de una incomodidad al alza en unas fiestas cuyo éxito va parejo también a su riesgo de colapso: primero fue la polémica sobre las carpas , plantadas antes que nunca; después el conflicto sobre la llegada de trenes a la Estación del Norte , un llamativo fallo en el sistema; entre tanto, el problema latente de muchos de los principales artistas, descabalgados de la sección especial porque no les salen las cuentas. La foto fija de una ciudad con problemas para contenerse durante su marzo , expresión de tantas urbes que cuanto más reconocimiento obtienen, más dificultades tienen para converger internamente. Aunque apenas suele emerger como cuestión a debate, existe un riesgo sistémico que contradice la supuesta horizontalidad de las Fallas: comisiones y monumentos en cada demarcación que extienden un pasto de sociabilidad barrio tras barrio. Haciendo zoom, esa horizontalidad se ve alterada por una jerarquía de poder consolidada y que, en paralelo, ejerce su fuerza para el crecimiento de sus estructuras: más días, más visibilidad para los patrocinadores , más elementos para el consumo, más necesidad de retorno. Un equilibrio que se rompe por la exigencia de poner la elasticidad de las fiestas al límite. En ese sentido, es valiosa la investigación publicada en Journal of Urban Affairs por los investigadores de la Universitat de València Pau Díaz, Joaquim Rius y Juan Pecourt . Con el propósito, cada vez más extendido, de entender las Fallas como una inmensa oportunidad para explicar el funcionamiento de una sociedad local, su estudio destaca que una élite
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