明暗

El hambre, el poder y el mito: la larga agonía del modelo cubano

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Tal vez la única postura intelectualmente honesta consista en desmontar el doble rasero: exigir transformaciones democráticas profundas sin celebrar estrategias que empobrecen a la población, como el castigo económico de EEUU Desde Venezuela hasta Cuba: Trump usa la fuerza y la asfixia para derrocar Gobiernos que no le gustan Mi abuelo emigró a Cuba en 1952 huyendo de la posguerra en España, años después de que los aviones de la Legión Cóndor asesinaran a su padre en Gernika. Desde entonces vive en la isla como un cubano más. Como uno que vivió el golpe de Estado de Batista y el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959. Hace tres años mi abuelo me visitó en Madrid y me dijo que nunca había visto tanta miseria en Cuba. Me contó que vecinos de toda la vida deambulaban por las calles de nuestro barrio, Marianao, pidiendo un vaso de agua con azúcar, un pedazo de pan o alguna fruta. Me dijo que era muy duro ver a tantas personas con las que había convivido por más de 50 años rebuscando qué comer en las montañas de basura que se acumulan en las esquinas y que, en los días de mucho viento, se esparce por todas partes debido a la ausencia de recogida de desperdicios por la escasez de combustible. Esto fue en 2023, cuando Nicolás Maduro presidía el palacio de Miraflores y todavía enviaba combustible regularmente a La Habana, México realizaba acuerdos económicos a cambio de médicos y la sala oval de la Casa Blanca la habitaba Joe Biden, quien no hizo reformas significativas en la política estadounidense respecto a la isla. Cuba está sumida en una crisis que no ha dejado de profundizarse desde 2019. El secuestro de Nicolás Maduro y el recrudecimiento de las sanciones por parte de Donald Trump todavía no han provocado un cambio brusco en la calidad de vida de los cu

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